Que tratamos

 

1. ¿Qué es cáncer?

1.1 Cáncer de hígado, ¿qué es?
1.1.1 - Primario
1.1.2 - Metastático

1.2 Cáncer de próstata, ¿qué es?


2. Diagnóstico

2.1 - De tumores hepáticos
2.1.1 ESTUDIOS de la IMAGEN
2.1.1.1 Ecografía
2.1.1.2 TC o Scanner abdominal
2.1.1.3 RMN o Resonancia Magnética Nuclear
2.1.1.4 PET

2.1.2 ESTUDIOS de LABORATORIO
2.1.2.1 Análisis de sangre
2.1.2.2 Estudios histológicos

2.2 - De tumores de próstata


3. Tratamiento

3.1 - TÉCNICAS DE TERMOABLACIÓN
3.1.1 CRIOCIRUGIA
3.1.1.1 ¿Qué es la criocirugía?
3.1.1.2 Criocirugía hepática
3.1.1.3 Criocirugía de próstata

3.1.2 RADIOFRECUENCIA
3.1.2.1 ¿Qué es la Radiofrecuencia?
3.1.2.2 Radiofrecuencia hepática

3.2 - Otras aplicaciones
3.2.1 Tratamiento en

CRIOCAT: Sociedad Catalana de Criocirurgía especialistas en el tratamiento quirúrgico y mediante técnicas de termoablación de todo tipo de tumores hepáticos, cáncer de hígado y cáncer de próstata.

El cáncer es una enfermedad que se caracteriza por el crecimiento rápido y sin control de las células. Este crecimiento provoca la formación de tumores y se manifiesta con síntomas distintos según el órgano o lugar en que se producen. La facilidad de crecer de las células cancerosas hace que sean dañinas para el órgano o tejido del organismo en donde crecen, ya que le impiden funcionar adecuadamente, causando problemas y síntomas distintos según el órgano afectado. Las células cancerosas también tienen facilidad para invadir órganos vecinos e incluso distantes. En este caso hablamos de metástasis. La presencia de tumores a distancia o metástasis implica progresión de la enfermedad cancerosa y por tanto mayor gravedad, ya que afecta el funcionamiento no tan sólo del órgano en que se inició sino también el del nuevo o nuevos órganos afectados.

Distinguimos dos tipos de Tumores cancerosos hepáticos:

El cáncer o tumor primario hepático es aquel que tiene su origen en el propio hígado. Se diagnostica a menudo gracias a exámenes o pruebas rutinarias realizadas por otros motivos o en pacientes ya controlados por otras enfermedades, en general hepáticas (hepatitis cónica, cirrosis …); raramente en sus fases iniciales por síntomas que hagan sospechar su presencia.

El cáncer o tumor metastático hepático es el que tiene su origen en otro órgano. El tumor metastático más frecuente es el que tiene su origen en un cáncer o tumor gastrointestinal. El más frecuente es el de colon y recto. Un 40% de los pacientes con cáncer de colon tendrán metástasis en alguna otra parte y un 20% de ellas estarán limitadas al hígado. Es más, de entre un 8% a un 30% de los pacientes con cáncer de colon ya tienen uno o varios tumores metastáticos en el hígado cuando son diagnosticados, estando presentes en el momento de la primera operación en la que se les extirpa el tumor de origen colorrectal inicial.



El cáncer de próstata o adenocarcinoma de próstata es el cáncer urológico más frecuente en el sexo masculino. Es fundamentalmente una enfermedad del hombre adulto. Se trata de un tumor de crecimiento lento y tiene un período de latencia largo. El 10% de población masculina adulta sufrirá de forma significativa de este tumor y un 30% de ellos morirá por su causa.



En fases iniciales es difícil. El hígado tan sólo da síntomas cuando está muy afectado. Para establecer el diagnóstico de un cáncer o tumor hepático disponemos de varias pruebas o estudios que podemos agrupar en dos grandes grupos:

Estudios de la imagen:
Ecografía, TC o scanner, RMN o Resonancia Magnética Nuclear, PET
Estudios de laboratorio:
Análisis de sangre, marcadores tumorales, estudios de anatomía patológica (PAAF, biopsias,citologia)

Según las características del tumor y de su situación puede ser necesario más de un estudio. Un estudio completo permite hacer una valoración de la gravedad, de la extensión, del pronóstico y del tipo de tratamiento que permitirá obtener los mejores resultados.

La ecografía es una técnica que usando ultrasonidos detecta cambios en las características de los tejidos y de los órganos. Normalmente se aplica de forma no invasiva colocando un transductor sobre la piel que dirige un haz de ultrasonidos sobre el órgano o tejido en estudio; las ondas que retornan en forma de eco permiten reconstruir la imagen y características del órgano al que se dirige, detectando tumores al apreciar los cambios de densidad que estos ocasionan en el hígado.
Hoy por hoy el estudio más sensible y específico para detectar tumores hepáticos es la Ecografía Intra Operatoria (EIO).
La EIO se realiza colocando la sonda o transductor del ecógrafo directamente sobre el hígado durante el curso de una operación quirúrgica. La EIO permite detectar tumores de tan sólo 3 Mm. de diámetro.
Nuestro grupo realiza una EIO rutinaria a todo paciente que es operado de un tumor de colon o recto, lo que permite detectar tumores hepáticos metastáticos en fases muy tempranas y tratarlos en fase incipiente, mejorando no sólo el diagnóstico, sino también el pronóstico, al ser más radicales desde un inicio en caso necesario.



Estudio radiológico que permite la reconstrucción de las imágenes obtenidas a modo de cortes de la zona del cuerpo a estudiar. Precisa de contraste endovenoso y oral.
El grado de captación del contraste en las distintas fases de entrada de la sangre o torrente sanguíneo en el hígado permite visualizar y establecer con cierta seguridad que tipo tumor se trata.



Estudio diagnóstico que permite obtener imágenes de las formas de los órganos y tejidos de forma parecida y con resultados similares al TC al colocar al paciente en el centro de un aparato que produce un campo magnético muy intenso



Obtención de imágenes tras la administración de un contraste de glucosa marcada que capta el grado de actividad del metabolismo del azúcar de los órganos y tejidos, lo que permite detectar zonas ocultas de gran actividad o crecimiento de tumores. Es un estudio muy sensible aunque puede dar falsos positivos.



Los análisis rutinarios permiten detectar anemias, procesos de inflamación crónica o aguda, trastornos del funcionalismo hepático.
La determinación de “marcadores tumorales” permite orientar el origen de un tumor (primario o metastático), ayudar a establecer pronósticos y son una herramienta para seguir la evolución tanto de la enfermedad tumoral como del tratamiento aplicado.

El estudio de muestras del tumor obtenidas mediante la Punción y Aspiración con una Aguja Fina (PAAF), mediante la resección de una parte del mismo (Biopsia) o la resección completa del tumor (estudio de Anatomía Patológica) son distintas formas de establecer el diagnóstico mediante el estudio microscópico de parte del tejido hepático afectado.


No suele dar síntomas (muchos menos que la hiperplasia benigna – HPB – o tumor no canceroso) y cuando los da son muy similares a los de la HPB. Por tanto la recomendación actual es que, al igual que las mujeres ven a su ginecólogo, los hombres a partir de los cincuenta años deben controlarse por el urólogo anualmente. El control consiste en un examen físico, que incluye un tacto rectal digital, un análisis de sangre para medir el PSA (antígeno específico prostático) y en caso necesario una ecografía prostática con biopsias.
El PSA está elevado en el 68% de los hombres con cáncer de próstata, pero dado que el 33% de los hombres con HPB también presentan un PSA elevado, su valor ha de ser contrastado por el especialista, con los resultados del tacto rectal y de la ecografía trans rectal con biopsias en caso necesario.

Hablamos de Termoablación al referirnos al grupo de técnicas que utilizando medios físicos relacionados directa o indirectamente con cambios de temperatura producen la destrucción de células, tejidos o tumores.

La criocirugía es una técnica de las llamadas de TERMOABLACIÓN que utiliza la congelación como mecanismo de destrucción celular. Los avances técnicos disponibles ya desde la década de los 90 para alcanzar, controlar y garantizar temperaturas de hasta – 190º C en los tejidos usando Nitrógeno líquido y/o Helio, junto con la facilidad y familiaridad para monitorizar sus efectos mediante el uso de la ecografía intraoperatoria, permite la destrucción de tumores por congelación a temperaturas extremas.



El tratamiento con éxito de los tumores hepáticos, primarios o metastáticos, siempre ha estado limitado a la posibilidad de que el tumor sea o no quirúrgicamente resecable.
La criocirugía o crioablación hepática está orientada principalmente a conseguir la destrucción de grandes tumores hepáticos primarios o metastáticos no resecables.
La criocirugía o crioablación hepática es un tratamiento en que los tumores hepáticos son congelados y una vez desvitalizados, es decir muertos, son dejados “in situ” para ser reabsorbidos por el propio organismo.
Bajo control ecográfico se colocan una o varias criosondas en el tumor a través del parénquima hepático que permiten esculpir una bola de hielo que incluye todo el tumor a destruir junto con un margen de seguridad de tejido sano a su alrededor. Es un tratamiento focal que permite la conservación de mucho más tejido hepático, es decir hígado sano, que una resección hepática mediante cirugía convencional. Permite la destrucción o ablación de múltiples tumores hepáticos aún cuando afecten a ambos lóbulos hepáticos y de tumores en pacientes que, al sufrir otras enfermedades (cirrosis, cardíacas u otras) o al sufrir de tumores muy próximos a estructuras vasculares mayores, no tolerarían una resección quirúrgica. También puede aplicarse como complemento y conjuntamente a resecciones quirúrgicas convencionales convirtiendo en resecables tumores que tradicionalmente no lo serían.
Los resultados son similares a los de la resección quirúrgica, con supervivencias de hasta el 62 y 52 % con seguimientos entre 2 y 5 años, y con un 25% de pacientes libres de enfermedad a los 5 años.
Por tanto con Criocirugía o Crioablación podemos tratar y obtener supervivencias a largo plazo en tumores hepáticos primarios o metastáticos que hasta la implementación y mejora de las técnicas de termoablación eran considerados NO resecables, es decir, NO tratables con cirugía.

El tratamiento del cáncer de próstata es distinto si la enfermedad está alojada en la misma o se encuentra más allá de la glándula prostática. Los tipos de tratamiento también varían según el estado del paciente, ya que al ser una enfermedad propia de gente adulta, muchas veces problemas de salud asociados y la evolución lenta de la misma no permiten o no aconsejan tratamientos agresivos.
Dentro del abanico de tratamientos disponemos de:
1. La prostatectomia radical o exéresis completa de la glándula junto con su cápsula y vesículas seminales.
2. La braquiterapia, radioterapia aplicada directamente a la glándula prostática utilizando agujas-terminales que se insertan en la misma próstata.
3. Radioterapia convencional.
4. Tratamiento hormonal para frenar la evolución.
5. Técnicas de Termoablación:
- CRIOCIRUGÍA
- RADIOFRECUENCIA

El tratamiento de elección sería la prostatectomia radical, pero es una técnica agresiva y no exenta de complicaciones (impotencia e incontinencia).
Hoy por hoy disponemos de tratamientos llamados “mínimamente invasivos” del cáncer de próstata localizado mediante las técnicas de Termoablación con Radiofrecuencia y Crioterapia o Criocirugía y la braquiterapia. Tanto la termoablación como la braquiterapia son técnicas con gran efectividad, con tasa de curación similar a la prostatectomia radical del 80 al 85 %.

La Braquiterapia es la implementación de semillas radioactivas de Yodo 125 dentro de la glándula prostática para que la radiación llegue a la próstata sea doble a la que llegaría mediante la Radioterapia externa y sin afectar a los órganos vecinos: vejiga y recto.



La CRIOCIRUGIA o congelación (entre – 45º C y – 180º C) de la glándula prostática se aplica introduciendo en la misma próstata varias agujas criosondas por vía perineal, bajo control y guía ecográfica, y con anestesia peridural. En la mayoría de los casos el paciente puede ser dado de alta a las 24 h de la crioablación. Da los mismos resultados que la prostatectomia radical, pero es mucho menos agresiva y con menos complicaciones.

Ambas técnicas vienen avaladas por trabajos publicados con resultados positivos y más de 20 años de seguimiento en la braquiterapia y más de 15 años en la Criocirugía.

La radiofrecuencia es otra técnica de TERMOABLACIÓN que, aplicando corriente monopolar de alta frecuencia, produce una necrosis de coagulación y por tanto la destrucción o muerte celular del tejido en donde ha sido aplicada. Esta técnica, nacida a finales de los años 80 en la Universidad de Harvard de EEUU, se aplicó y desarrolló ampliamente en el campo de la neurocirugía y desde la segunda mitad de los 90, al aumentar su capacidad de acción, se usa también para la destrucción de tumores.
Los nuevos generadores de radiofrecuencia, utilizando agujas con puntas refrigeradas, pueden producir no sólo la energía necesaria para inducir necrosis de coagulación o destrucción de los tumores por termoablación de áreas de tejido o tumores de hasta 3,6 cm de diámetro, sino que también incorporan circuitos para medir la frecuencia de salida, la impedancia de los tejidos durante el tratamiento y la temperatura de los electrodos. El control de estos parámetros es necesario para obtener resultados óptimos.



La termoablación por radiofrecuencia (como la criocirugía) es una terapia focal que puede ser aplicada con posibilidades de curación, tanto por vía intraoperatoria y complemento de resecciones quirúrgicas convencionales, como por vía percutánea (sin abrir) como técnica mínimamente invasiva, pudiendo tratar tumores hepáticos malignos en pacientes bien seleccionados prácticamente sin incisión. Al aplicarse sobre tumores hepáticos conservando más tejido sano permite hacer resecables o tratables tumores que tradicionalmente NO lo serian.

Aunque el campo de destrucción con radiofrecuencia es en principio más reducido que el de la criocirugía, la aplicación en manos expertas con electrodos triples o simples, mediante tratamientos únicos o seriados, nos permite actualmente tratar tumores de más de 5 cm. y con su aplicación secuencial, es decir en varios días, pueden tratarse tumores mucho mayores en casos seleccionados.

Los resultados a largo plazo son similares a la criocirugía y sus complicaciones son menores.

Las técnicas de termoablación aplicadas por cirujanos experimentados pueden utilizarse según el grado de extensión de la enfermedad con finalidad curativa o paliativa, son ciertamente menos agresivas, tienen menos morbilidad y en los pacientes adecuados son una alternativa y/o un complemento a la cirugía convencional. No excluye la necesidad y el beneficio del tratamiento con quimioterapia adyuvante y sin dudad permiten aumentar el número de enfermos que pueden ser tratados quirúrgicamente y por tanto susceptibles de beneficiarse de un tratamiento curativo o paliativo eficaz.

Cirugía hepática: de tumores malignos (primarios y metastáticos) de tumores benignos (hemangiomas, adenomas)
Cirugía general: de tumores y nódulos en otras localizaciones en casos seleccionados (mama, páncreas, recto)
Urología: de tumores de próstata y de riñón
Ginecología: de fibromas de útero, criomiolisis, crioablación endometrial (para casos seleccionados de metrorragias)
Traumatología: de lumbalgias (rizolisis) tumores óseos (casos seleccionados)
Proctología: de hemorroides grados I i II (sin anestesia, sin ingreso)
Cirugía torácica: de lesiones y tumores broncoplulmonares
Dermatología: de lesiones cutáneas, verrugas (en la consulta sin anestesia, sin ingreso)
Otorrino: de cornetes, pólipos, corrección paladares para tratar apneas del sueño – ronquidos)
Neurocirugía: de neuralgias
Cardiología: de arritmias

…etc
 

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